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Post-Helsinki: “Un muy grave periodo”, según Kissinger

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Bajo la lupa / Alfredo Jalife-Rahme

Para realizar un diagnóstico apropiado sobre el impacto en la opinión pública de Estados Unidos (EU) de la cumbre Trump-Putin de Helsinki hay que ser muy precavidos con la masiva desinformación de los multimedia que controlan los omnipotentes servicios policiacos de espionaje.

Una lectura expedita de tales multimedia, en su aplastante mayoría lubricados por George Soros, daría por hecho perentorio que Trump está acabado ya que se encuentra, sino al borde de un golpe de Estado (http://bit.ly/2Ldo7f6), a punto de ser defenestrado después de las elecciones intermedias de noviembre cuando el Partido Demócrata ganaría la mayoría del Congreso.

Los multimedia sorosianos distorsionan la realidad en forma aberrante: dos encuestas, una de Axios, otorga 79 por ciento de apoyo de la base del Partido Republicano a su presidente (http://bit.ly/2uJLhj5), y otra, deGallup, expone que Trump alcanzó la más alta aprobación por su desempeño en el pasado trimestre de abril a julio (http://bit.ly/2Lhhybv).

Hasta el israelí-estadunidense Roger Cohen, del rotativo del establishment The Washington Post, cuyo dueño Jeff Bezos es enemigo acérrimo del presidente número 45, sicoanaliza a su manera simplona las razones por las que la gente quiere a Trump (https://wapo.st/2LmqFrl).

El británico Edward Luce –quien conoce como pocos los dédalos del poder en EU, pero a quien le vence su proclividad en favor del Partido Demócrata por haber sido amanuense de Larry Summers, ex secretario del Tesoro con Clinton– realizó una entrevista a Kissinger un día después de Helsinki (Financial Times; (20/7/18).

Según Edward Luce, Kissinger, a sus 95 años, ahora vigila un mundo en el que China y Rusia desafían el orden mundial de EU, seguido en concierto uno con otro.

Kissinger juzga que la OTAN leyó mal el arraigado anhelo de Rusia a ser respetada: es una característica única de Rusia que un levantamiento en casi cualquier parte del mundo le afecta (nota: como en Siria y Ucrania), le brinda una oportunidad y también es percibido como una amenaza. Vaticina que esos levantamientos continuarán y teme se aceleren.

Kissinger no ve a Putin, con quien se ha reunido 17 veces, como un carácter tipo Hitler, sino que viene de Dostoievski. Considera muy local, sin ser una figura trascendental, a la canciller alemana Merkel cuando un Atlántico dividido convertiría a Europa en un apéndice de Eurasia y a merced de China que desea restaurar su papel histórico que convertiría a EU en una isla geopolítica.

A cada quien su hermenéutica: el influyente portal ruso Sputnik deduce de la entrevista que Kissinger lamenta (sic) que la cumbre Putin-Trump haya sido sumergida por temas domésticos de EU. Para Kissinger la cumbre era una tarea pendiente que debía haber tenido lugar y por la que había abogado por varios años.

Sputnik rescata una frase ominosa: nos encontramos en un muy, pero muy grave periodo para el mundo cuando Trump “puede ser una de esas figuras en la historia que aparece de tiempo en tiempo para marcar el fin de una era y forzar a renunciar a sus viejas pretensiones (http://bit.ly/2LmnUX1). ¡Fin de una Era! (http://bit.ly/2v2t9A1)

La inclinación clintoniana de Edward Luce intentó orillar a Kissinger a fustigar el desempeño de Trump con Putin, lo cual, no tiene nada que ver con la genuina postura en favor de Helsinki del ex secretario de Estado y ex asesor de Seguridad Nacional de Nixon y Ford.

Avezados hacedores de la política internacional y analistas, como el británico Alastair Crooke, consideran que el acercamiento de Trump con Putin tiene como objetivo quebrantar la asociación estratégica de Rusia y China para detener, sino relegar, el irresistible ascenso de Pekín (http://bit.ly/2LoxPeU).

Crooke emite la hipótesis de que Kissinger se encuentra detrás del acercamiento con Putin, lo cual ya había abordado en Bajo la Lupa (http://bit.ly/2v2Fch3), sin que Trump ni Kissinger sean demonios de mi devoción.Pero aquí no hablo de ficticias hagiografías ni de demonologías montadas, sino de un abordaje geoestratégico lo más cercano posible a la realidad.


Revólver comercial de Trump contra Europa para apuntar a Rusia y China


Alfredo Jalife-Rahme

El mismo día del inicio de la X Cumbre de los BRICS en Johannesburgo, el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude-Juncker, claudicó ante las exigencias del presidente Trump, quien tenía más bien en la mira intensificar su guerra comercial contra China y, de paso, contra Rusia. Junker exclamó que EEUU y Europa “no eran enemigos, sino amigos”.

Después del acuerdo histórico de Europa y Japón, no era nada improbable el acuerdo de Trump y Europa.

The Washington Post juzga que detrás de la desescalada comercial de Trump contra Europa pesaron las súplicas de los líderes del Partido Republicano en el Congreso de cara a las cruciales elecciones intermedias de noviembre. Trump retrocedió en sus “tres principales prioridades” con el fin de salvar las mayorías de su partido:

  • La desescalada de su guerra comercial impopular, que ha afectado a la base de sus electores, en especial a los agricultores.
  • Su silencio sobre la construcción de la tercera parte del muro con México.
  • El diferimiento para el año entrante de la invitación del presidente Putin a la Casa Blanca, que había sido pensada para este otoño.

Te puede interesar: ¿La guerra comercial de Trump contra China es más bien contra Europa?

El portal alemán Deutsche Welle reporta que el presidente galo, Emmanuel Macron, “rechaza un acuerdo comercial Europa-EEUU por el contexto”, que carece de “equilibrio y reciprocidad”.

Mientras los alemanes están felices por haber pospuesto los impuestos a su poderosa industria automotriz —la gran beneficiada del arreglo asimétrico entre Juncker y Trump—, Macron recalcó que “ningún gran acuerdo puede condicionar los estándares europeos en materia de agricultura, sanidad o medio ambiente”, porque son “el principio de la Europa soberana”, por lo que “no se puede firmar [un acuerdo] con potencias que no respetan estas obligaciones”.Tema relacionado: Berlín ya no puede callar sobre los desacuerdos con EEUU

Juncker cedió demasiado en dos renglones que quizá no pueda cumplir pero que le han dado municiones propagandísticas a Trump, mientras que EEUU cedió en forma insulsa sobre la “reforma a la OMC”.

En la cuestión agrícola, Europa no es una gran consumidora de soya, a diferencia de China, que ahora ha suplido sus previas compras a EEUU por importaciones de Brasil.

La concesión en el tema agrícola ha molestado a Francia.La otra concesión de Juncker para importar “masivamente” gas licuado de EEUU ya se podía esperar desde que Trump criticó el sometimiento de Alemania al gas ruso por haber adoptado el Nord Stream 2.

Una cosa es que Juncker haya prometido construir un mayor número de terminales en Europa para la importación del gas licuado estadunidense y otra es que esto sea viable, ya que el gas ruso, por su localización, es mucho más barato.

Infografía: La dependencia de Europa del gas ruso, en cifras

A juicio del británico Edward Luce, del The Financial Times (26.07.18), “existen tres fuerzas que conspiran para empeorar las relaciones de EEUU y China”:

  • La política: las elecciones intermedias de noviembre cuando Trump explotará el “miedo a China”
  • La geopolítica: en momentos de alta tensión militar en Oriente Medio, “China está en el lado equivocado frente a la política de Trump contra Irán”, cuando para “la mayoría de empresas europeas, el dolor de perder los negocios con EEUU supera de lejos cualquier prospecto de ganancia en Irán”, hoy apoyado por China.
  • La inflexibilidad china.

Sarah Zheng, del portal SCMP, con sede en Hong Kong y vinculado a la trasnacional china Ali Baba, deduce que Trump “volteará todo el fuego de guerra comercial contra China después de su arreglo con la Unión Europea para suspender las tarifas”.

Zheng aduce que Trump “se enfocará en China en su escalada de guerra comercial con US$200,000 millones de impuestos adicionales a los productos chinos en agosto”, cuando EEUU y Europa comparten agravios contra China en referencia a la propiedad intelectual y a la transferencia de tecnología. Europa y EEUU tienen pánico de las políticas industriales de ‘Hecho en China 2025’ que le darán un salto descomunal como “superpotencia tecnológica”.En realidad, detrás de toda la guerra comercial de Trump contra China está el objetivo de detener, sino dislocar, el gran proyecto tecnológico ‘Hecho en China 2025’.

No te lo pierdas: Trump rompe con Europa por Irán, Jerusalén, el comercio, el cambio climático, la OTAN y el euro

En uno de sus letales tuits Trump insistió en que China obtuvo US$517,000 millones de EEUU el año pasado y que el haber golpeado a los agricultores de EEUU fue un golpe bajo.

El portal oficioso del Gobierno chino, Global Times, aborda en su editorial las “implicaciones para China de la tregua comercial de EEUU y Europa”.El compromiso entre Washington y Bruselas —que también ha sido calificado de “desescalada”, “armisticio”, “cese al fuego” y “tregua”—, “no resuelve completamente sus problemas” ya que “será un inmenso desafío realizar las tarifas cero entre los dos” cuando el “consenso será difícil de conseguir dentro de Europa y Trump probablemente romperá su palabra de nuevo”.

Según Global Times “existe la probabilidad de que EEUU ralentice sus conflictos con Europa y ahora se enfoque en contrarrestar a China”.

El rotativo aborda un escenario en el que, después del acuerdo de Europa con Japón, también EEUU y Europa vayan en la dirección de una “zona comercial de tarifa cero” en cuyo caso “China será forzada a reducir sus impuestos a las importaciones” y “Beijing tendrá dificultades para expandir sus lazos comerciales con otros países”.

China no se hizo la ilusión de una alianza con Europa en contra de EEUU, ya que Washington y Bruselas han sido aliados desde la Segunda Guerra Mundial, y concluye que “pese a todas las presiones de Washington, China no claudicará”.El rotativo del Ejército chino, People’s Daily, arguye que la “guerra comercial está causando un impacto real en la economía de EEUU”. Por lo pronto, el Departamento de Agricultura de EEUU adoptará un plan de emergencia por US$12,000 millones para ayudar a los agricultores golpeados por la guerra comercial.

Más aquí: Tres lecciones de la historia: ¿A qué puede llevar la guerra comercial de Trump?

Según el FMI, a pesar de la amenaza de los efectos colaterales de la guerra comercial, el desempeño económico de China obtiene una calificación positiva.

En la décima cumbre de los BRICS en Sudáfrica, escamoteada por los multimedia de ‘Occidente’, se generaron tres noticias relevantes:

  • El mandarín Xi urgió “a los miembros de los BRICS a profundizar la asociación estratégica y a abrirse a una segunda década dorada” para incrustarse en la “cuarta revolución industrial” en ciencia, tecnología, industria, inteligencia artificial, big data, información cuántica y biotecnología. Las pasadas revoluciones industriales fueron encabezadas por países desarrollados de Occidente, mientras que en esta ocasión los países en vías de desarrollo (que contribuyen al 80% del crecimiento económico mundial), en especial los BRICS, serán una parte inherente.
  • El zar Vlady Putin y el mandarín Xi “intercambiaron puntos de vista sobre la presente situación internacional”.
  • El mandarín Xi expresó que “China impulsará una asociación de desarrollo mas estrecha con India”.

Además: Los países del BRICS frente a la guerra comercial: ¿los une o los separa?

Llama la atención que los mandatarios de India y China, las dos principales geoeconomías de los mercados emergentes, se hayan reunido “tres veces en tres meses” con el fin de “fortalecer su cooperación bilateral, mientras exploran un nuevo modelo de cooperación regional”.

Europa —más Alemania que Francia— claudicó fácilmente cuando se había envalentonado asegurando que no negociaría con Trump teniendo un revólver en la sien.Finalmente, Trump usa a Europa como carne de cañón para su guerra comercial contra Rusia mediante el gas licuado y contra China, de mayor envergadura, para impedir su asunción como nueva “superpotencia tecnológica” con su proyecto ‘Hecho en China 2025’.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK


Henry Kissinger: ‘Estamos en un período muy, muy grave’


El gran consejero de la diplomacia estadounidense habla sobre Putin, el nuevo orden mundial y el significado de Trump.

Sin embargo, persuadirlo para que diga lo que realmente piensa es otra cosa. Kissinger es para la claridad geopolítica lo que Alan Greenspan fue para la comunicación monetaria: un oráculo cuya visión sólo es equiparable a su opacidad. Mi misión es sacarlo de su zona de confort. Quiero saber qué piensa realmente del presidente Donald Trump.

(Lea: Historia/ China vista por Henry Kissinger)
El momento es perfecto. Nos encontramos almorzando el día después de que Trump se reuniera con Putin en Helsinki, una cumbre que los dirigentes de la política exterior estadounidense considera que pasará a la historia como un punto bajo en la diplomacia estadounidense. Trump había hecho lo impensable al apoyar las afirmaciones de inocencia de Putin en cuanto al sabotaje electoral sobre la palabra de las agencias de inteligencia de su país.

Posteriormente, Trump intentó deshacer de manera poco convincente lo que dijo en Helsinki al insistir en que quiso decir que “no veía razón por la cual Rusia no estuviera detrás” de la injerencia, en lugar de “por la cual Rusia estuviera detrás” de ella. Pero es demasiado tarde para eso. El New York Daily News publicó el estridente titular: “Franca Traición” junto a una caricatura de Trump disparándole en la cabeza al Tío Sam mientras toma de la mano a Putin. No podría haber mejor momento para intentar sacar a Kissinger de su postura délfica.

Llego uno o dos minutos antes de la cita. Kissinger ya está sentado. Su figura recuerda la de un gnomo sentado en la mesa de un rincón en un comedor medio vacío. Un bastón está apoyado contra la pared lateral. (Se rompió un ligamento hace unos años). “Discúlpame si no me levanto”, dice Kissinger con su áspero acento alemán. Estamos en el Jubilee, un restaurante francés a la vuelta de la esquina del apartamento de Kissinger en el centro de Manhattan. Está apenas a unas pocas cuadras de Kissinger Associates, la consultoría geopolítica que les cobra a sus clientes enormes sumas para escuchar lo que supongo que son sus opiniones sin ambages.
La geopolítica pesa mucho sobre Kissinger. Como uno de los arquitectos del acercamiento de la guerra fría con China y la distensión con la Unión Soviética, Kissinger ahora explora un mundo en el que China y Rusia desafían el orden mundial de EE. UU., a menudo en colaboración.

Pero al decano de la diplomacia de la guerra fría le interesa el futuro tanto como el pasado. Este año Kissinger escribió un aterrador artículo sobre la inteligencia artificial para The Atlantic Monthly, en el que comparó la humanidad de hoy con los incas antes de la llegada de la viruela y los españoles. Instó a la creación de una comisión presidencial sobre la inteligencia artificial. “Si no comenzamos a tomar esas medidas pronto, en poco tiempo descubriremos que comenzamos demasiado tarde”, concluyó.

¿Qué pensó Kissinger sobre la cumbre de Helsinki? Su respuesta es indecisa. “Fue una reunión que debía llevarse a cabo. Durante varios años yo la propuse. Ha estado sumergida bajo los problemas internos de EE. UU. Sin duda es una oportunidad perdida. Pero creo que hay que volver a algo. Mira a Siria y Ucrania. Es una característica particular de Rusia que la convulsión en casi cualquier parte del mundo la afecta, le da una oportunidad y también la percibe como una amenaza. Esas convulsiones continuarán. Me temo que se van a acelerar”.

Kissinger se embarca en una disquisición sobre la tolerancia “casi mística” de Rusia al sufrimiento. Su punto clave es que Occidente asumió erróneamente, en los años antes de que Putin se anexara Crimea, que Rusia adoptaría el orden basado en las reglas occidentales. La Otan malinterpretó el profundamente arraigado anhelo de respeto de Rusia. ¿Quiere decir que provocamos a Putin?, le pregunto. “No creo que Putin sea un personaje como Hitler”, responde Kissinger. “Él sale de Dostoievski”.

Siento que estoy perdiendo la batalla para hacerle hablar de Trump; o no detecto su mensaje oculto. ¿Está diciendo que estamos subestimando a Trump, que Trump podría estar haciéndonos el inadvertido servicio de tranquilizar al oso ruso? Una vez más, Kissinger hace una pausa antes de responder.

“No quiero hablar mucho sobre Trump porque en algún momento debería hacerlo de una manera más coherente que ésta”, responde Kissinger. Pero usted está siendo coherente, le digo. Por favor, no se detenga. De nuevo hay una pausa. “Creo que Trump puede ser uno de esos personajes en la historia que aparece de vez en cuando para marcar el final de una era y forzarla a renunciar a sus viejas pretensiones. No necesariamente quiere decir que él sepa esto, o que esté considerando una gran alternativa. Puede que sea sólo un accidente”.

Sé que le ha dado informes a Trump. También se ha reunido con Putin en 17 ocasiones. Él informa del contenido de esas reuniones a Washington, me dice. Intento una ruta diferente. ¿Con quién compara a Trump en la historia?, le pregunto. Esto tampoco tiene éxito. Kissinger se lanza a hablar del panorama general de la salud de la diplomacia europea. No puede encontrar un líder que lo emocione, con la posible excepción del francés Emmanuel Macron. “Aún no puedo decir si es efectivo porque acaba de comenzar, pero me gusta su estilo”, dice Kissinger. “Entre otros estadistas europeos, Angela Merkel es muy local. Me cae bien personalmente y la respeto, pero no es una figura trascendente”.

No puedo evitar la sensación de que Kissinger está intentando decirme algo, pero que soy demasiado literal para interpretarlo. Como un jugador de dardos con los ojos vendados, intento varios lanzamientos diferentes. ¿En qué se convertiría Alemania si Trump retirara a EE. UU. de la Otan? A Kissinger le gusta esa pregunta, pero se niega a dar probabilidades. “En la década de 1940, los líderes europeos tenían un claro sentido de la orientación”, apunta. “Ahora, en su mayoría, sólo quieren evitar problemas”.

Pero no están haciendo muy buen trabajo, lo interrumpo. “Es cierto”, resalta Kissinger con una sonrisa críptica. “Un eminente alemán me dijo recientemente que siempre solía traducir la tensión con EE. UU. como una forma de alejarse del país, pero que ahora le teme más a un mundo sin EE. UU.”.

Entonces, ¿podría Trump estar asustando al resto del mundo occidental para que pueda valerse por sí mismo? “Sería irónico que eso surgiera de la era de Trump”, responde Kissinger. “Pero no es imposible”. La alternativa, añade Kissinger, no es muy atractiva. Un mundo occidental dividido por el Océano Atlántico convertiría a Europa en un “apéndice de Eurasia”, que estaría a merced de China que quiere restaurar su papel histórico como el Imperio Chino y ser “el principal asesor para toda la humanidad”.

Parece que Kissinger considera que China está en vías de lograr su meta. Mientras tanto, EE. UU. se convertiría en una isla geopolítica, flanqueada por dos océanos gigantes y sin un orden reglamentado que defender.

Kissinger se muestra más circunspecto sobre la inteligencia artificial, un tema, según el mismo admite, que todavía está intentando resolver. Pero le preocupan las consecuencias desconocidas de la guerra autónoma, un mundo en el que se requiera que las máquinas tomen decisiones éticas. “Todo lo que puedo hacer en los pocos años que me quedan es plantear estos problemas”, considera. “No digo que tengo las respuestas”.

No tengo idea de cómo Kissinger tomará mi próxima pregunta. ¿El poder es un afrodisíaco? “¿Cuál fue esa palabra?”, me pregunta Kissinger. “Afrodisíaco”, le repito. Estoy citando la famosa frase de Kissinger que expresó en el apogeo de su carrera cuando todavía era un hombre soltero. A finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, era tan conocido por su picante calendario de citas como por los asuntos de Estado. “Ciertamente diría que ser capaz de tomar decisiones tiene una dimensión que no tienes en la vida ordinaria”, responde con un atisbo de sonrisa. Ésa fue una respuesta sutil, le digo. “Sí dije eso”, responde. “Pero cuando digo estas cosas, tienen más la intención de establecer tu inteligencia que el propósito de tu vida. Y es verdad hasta cierto punto. Se basa en la observación”.

Llegó el café. El mío es un expreso doble. Kissinger toma té de menta. Decido hacer un último intento de lograr mi meta. Hemos estado hablando durante casi dos horas. Si hay una crítica recurrente de Kissinger, le indico, es que hace todo lo posible para preservar el acceso a las personas en el poder a expensas de no hablar claro en público. ¿No es ahora el momento más adecuado para quemar uno o dos puentes? Kissinger parece desanimado. “Me tomo eso en serio y mucha gente, buenos amigos, me han insistido sobre eso”, apunta. “Podría ocurrir en algún momento”. No hay tiempo como el presente, le digo con una risa nerviosa.

“Claramente es la dirección en la que voy”, responde. “¿A ti te queda claro?” Más o menos, le respondo. A usted le preocupa el futuro. Sin embargo, usted cree que existe una posibilidad no trivial de que Trump podría asustarnos accidentalmente para que reinventemos el orden reglamentado que solíamos dar por sentado. ¿Es ése un resumen justo? “Creo que estamos en un período muy, muy grave para el mundo”, responde. “He dirigido innumerables cumbres, así que no aprendieron la forma en que llevaron a cabo la reunión de Helsinki de mí”.

Es evidente que no va a dar más detalles. Le pregunto qué período compararía con el presente. Kissinger habla sobre su experiencia como soldado estadounidense en la segunda guerra mundial, inmediatamente después de recibir su ciudadanía. También recuerda lo que en primer lugar trajo al joven refugiado alemán a estas costas. Después de que Alemania se anexara Austria en 1938, a los judíos en la ciudad natal de Kissinger les dijeron que no salieran de sus casas. Sus padres se fueron a EE. UU. cuando pudieron. “Había toque de queda y soldados alemanes por todas partes”, explica. “Fue una experiencia traumática que nunca he podido olvidar”.

Afuera ha empezado a caer una especie de diluvio bíblico durante nuestro almuerzo. Un paraguas pasó literalmente volando por la ventana. Ayudo a Kissinger a atravesar el fuerte aguacero para llegar a su coche. El conductor lo toma del otro brazo. Se tambalea. Me doy cuenta de que, de forma poco cortés, he estado interrogando a un hombre que casi me dobla la edad. “El Dr. Kissinger lleva días esperando este almuerzo”, resalta el camarero después de que regresé para pedir prestado un paraguas. Eso es bueno, creo, aunque me temo que mis preguntas sobre Trump pueden haberle quitado el apetito.

Edward Luce

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