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La Unión Europea desactivada por los niveles Nacionales, junto con la ONU, OTAN, OMC etc.

Ya desde hace varios meses venimos anticipando una recuperación del poder político por parte de los niveles nacionales de todo el mundo, como necesidad derivada de la incapacidad estructural de los niveles supranacionales – pacientemente establecidos a lo largo de la segunda mitad del s. XX – para iniciar las reformas impuestas por la gigantesca reconfiguración geopolítica mundial y la transformación social inducida por internet. El hecho de que, por el contrario, estos niveles supranacionales hayan constituido esencialmente un lastre, contribuyendo a agravar los problemas en lugar de resolverlos, se debe a su ilegitimidad para gobernar. En un mundo donde los mecanismos democráticos, los ejércitos y las fuerzas de seguridad sigan siendo prerrogativa de los niveles nacionales, la cima de la pirámide de la gobernanza seguirá siendo el nivel nacional.

Un nivel nacional, sin embargo, atrapado en una red de acuerdos transnacionales fundados sobre un principio de desconfianza de la política que, a finales del s. XX, ha desembocado, de manera bastante general, en una relativa desaparición de la política, en beneficio de un “todo económico” que cede las riendas del poder a miles de intereses particulares, ellos mismos supranacionales y, como tales, eminentemente compatibles con dicho sistema supranacional.

Pero los intereses particulares a menudo son contrarios al interés de todos, el bien común. Y bajo esta red que impide cualquier toma de decisiones política importante, las crisis han golpeado cada vez más violentamente a las sociedades humanas, sociedades humanas que no pueden sino constatar, atónitas, la incapacidad de respuesta de sus dirigentes oficiales (electos o no, según cada país).

Ya han pasado diez años desde que experimentamos los primeros impactos. Diez años durante los cuales los niveles legítimos de gobernanza han luchado por recuperar el poder en un combate épico con estos sistemas supranacionales, algunos de los cuales nos han empujado al borde del precipicio. Pero en 2018, lo que nuestro equipo está constatando y anticipa como gran tendencia dominante es que, con los niveles “legítimos” de poder de nuevo al mando, todo va a cambiar muy, muy rápidamente. Hasta tal punto que estimamos que el mundo, para finales del año 2018, no se parecerá a nada de lo que hemos conocido hasta ahora.

Esta tendencia general pone en tela de juicio a la ONU, la OTAN, la OPEP, la OMC, etc., tal como las conocemos. Pero la UE es un ejemplo particularmente ilustrativo de este fenómeno. En este artículo, nos vamos a centrar en este nivel supranacional concreto, que sin duda es el más integrado del mundo, en el marco de una anticipación de “desactivación”, de aquí a las elecciones de 2019, del nivel integrado por los Estados miembros.

Los Estados Unidos de Europa no tendrán lugar

Nuestros fieles lectores saben que siempre tratamos de anticipar la reanudación de las dinámicas europeas sobre la base de la zona euro. Pero también saben que creemos que solo un Euroland fundado sobre un proyecto de democratización de todo o parte del edificio europeo sería deseable y sostenible.

……..Semanas más tarde, el Parlamento Europeo votó, por su parte, en contra de las listas transeuropeas, en una inevitable reacción de protección de sus intereses corporativos. Había que ser muy inocente para creer que los representantes nacionales que ocupan el hemiciclo europeo iban a aceptar hacer hueco a representantes europeos cuyo evidente valor añadido europeo podía cuestionar su propia pertinencia. Esta votación no ha sido ninguna sorpresa… y tampoco es razón para hacer que los partidos políticos transeuropeos dejen de trabajar en su propio progreso en el marco de las próximas elecciones europeas. No necesitan el consentimiento de los parlamentarios europeos actuales para presentarse. Dicho esto, el mensaje enviado por estas dos reacciones de supervivencia corporativa, más que de visión transformadora, han desacreditado considerablemente al sistema bruselense.

El motor franco-alemán parecía dispuesto a apoyar una reforma de la zona euro teóricamente deseable – pero no al precio de una pérdida de soberanía de los europeos en la gestión de los asuntos monetarios. No por casualidad, en el momento justo en el que la pareja franco-alemana parecía posicionarse para ponerse en camino, ocho países del norte de Europa (Dinamarca, Estonia, Finlandia, Irlanda, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia), alguno de los cuales no son miembros de la zona euro, bloquearon toda esperanza de reforma del euro con base en un mecanismo supranacional, publicando una declaración conjunta que decía claramente: “La toma de decisiones debe permanecer firmemente en manos de los Estados miembros”. El enfoque parece bastante antieurodemocrático, pues rechazan la idea de un control democrático de las políticas monetarias por parte del PE. Falta por saber si estarían de acuerdo con un control democrático por parte de un Parlamento de la zona euro, aunque resulta dudoso. En realidad, esta constituye una tercera reacción de defensa de los intereses corporativos. Tras la Comisión Europea contra una gobernanza externa de la zona euro, el PE contra las listas transnacionales, y los Estados miembros del norte de Europa contra la gobernanza común y democratizada de la zona euro. En los tres casos, lo que queda fuera de la ecuación son los ciudadanos europeos.

La desactivación estructural del nivel europeo con los ciudadanos está cerrando la victoria del único verdadero nivel de legitimidad política, el nivel nacional, dejando atrás el proyecto de Estados Unidos de Europa con el que ha soñado un sistema bruselense enloquecido por sus fracasos y su falta de realismo. Así pues, no se trata de un paso atrás, sino más bien de una vuelta a la realidad.

Los EE. UU. de Trump también están trabajando en el desmantelamiento de la institución central europea, sobre la cual ya habíamos anticipado que probablemente no sobreviviría a la caída del eje transatlántico provocado por la llegada de Trump a la Casa Blanca. Y en efecto, el anuncio de las tarifas arancelarias sobre los productos europeos exportados a territorio estadounidense ha obligado a la Comisión a responder con un aumento de los impuestos de importación de los productos estadounidenses, en una total negación de los dos principios más fundamentales de su ideología: eje transatlántico y libre comercio.

La gestión de la afluencia migratoria en 2016, uno de los asuntos que ha cuestionado de manera más directa el modo de gobernanza centralizado de la UE, también se encuentra en vías de redefinición en el marco de la reforma de los acuerdos de Dublín, que han regido la gestión de esta crisis. Dublín II establecerá claramente la soberanía de cada Estado para definir sus cuotas de recepción en función de sus limitaciones sociales, económicas y políticas.

https://geab.eu


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